El atletismo de calle siempre me pareció un buen parámetro para medir el crecimiento de la mujer en el deporte en general ya que se trata de una disciplina infinitamente más accesible que el triatlón, ciclismo, natación, kayak o los numerosos deportes de pelota o que insumen un gran costo en equipamiento. Además, el pedestrismo es una actividad unisex dentro del fitness o los deportes de resistencia. En los Estados Unidos, las mujeres despegaron cuando Joan Benoit (Samuelson) ganó el maratón de los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984. A partir de ahí, se incrementó la participación femenina y coincidió con la aparición de nuevas pruebas de 42 kilómetros en el calendario norteamericano.
El segundo hecho que marcó un cambio en el atletismo popular de los Estados Unidos se produjo en 1994 cuando la número uno de las conductoras televisivas locales, Oprah Winfrey, corrió en cuatro horas y veintinueve minutos los 42 kilómetros del Maratón de los Marines en Washington DC tras adelgazar 36 kilos. Lograda bajo la lluvia, su marca no ingresó en la historia del deporte ni le valió el podio en su categoría de edad pero su actitud cobró enorme trascendencia mediática porque demostró que no se trata de una meta imposible de lograr sino de una distancia que todos pueden completar si respetan un plan alimenticio saludable y cumplen con un entrenamiento constante.
En la última década surgieron nuevas razones para que el número de mujeres pegara otro salto en cantidad y calidad gracias a las fundaciones y grupos que luchan contra enfermedades terminales como el Team in Training (TNT). Estos grupos hicieron que tanto hombres como mujeres salieran a correr antes o después de su jornada de trabajo e incluso mejoraron sus hábitos alimenticios. Surgieron
carreras gratuitas y algún que otro viaje pago para participar en otras ciudad, los maratones se expandieron a través de USA, lo mismo que la cantidad de remeras púrpura de la TNT y Spandex, al punto de que se perdiera la sensación especial de los que comenzaron con este deporte y que el entusiasmo de los corredores de remeras de color púrpura se volviera molesto.
Los atletas de la vieja escuela celebramos la aparición de nuevos corredores. Los filántropos festejaron los beneficios obtenidos por sus fundaciones, los gimnasios destinados a mujeres se volvieron populares porque muchas oficinistas y amas de casa siguieron el ejemplo de las deportistas.
El triatlón vivió algo similar ya que a fines de la década de los noventa apenas contaba con unas pocas mujeres y en la actualidad se registran miles de competidoras en cada evento desde la modalidad short hasta la distancia IronMan.
Ahora, en el siglo veintiuno, desde Nueva York a Long Beach; California y desde Toronto a Disney World, hay un número creciente de mujeres en pruebas combinadas de larga distancia, lo mismo sucede en América del Sur, especialmente en carreras como el IronMan de Brasil en Florianópolis y el Maratón de Buenos Aires.
Para un hombre casado como yo, que amo practicar deportes, me encanta correr junto a mi esposa Sindia. Por eso les pido a todas las mujeres que se calcen las zapatillas y salgan a trotar por la razón que sea pero que lo hagan, no se dejen vencer por el sedentarismo, todas pueden hacerlo e incluso conquistar metas más allá de lo imaginado.
Este Día Internacional de la Mujer es para todas ustedes. Cualquier distancia que elijan, háganla propia, disfrútenla, llévenla a lo máximo y celebren lo que lograron mientras se preparan para todo lo bueno que vendrá.
Las queremos mucho,

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