El sueño cumplido para Sebastián Urquia fue unir Rosario con Valparaíso en la carrera más larga y difícil que se haya corrido en Sudamérica, lo hizo y también cumplió con el espíritu Dakar que es el de socorrer a los pares que lo necesiten.
El piloto de General Deheza, en su viaje de vuelta a casa, acompañado por su esposa y dos amigos, más la Yamaha Nº 155 que fue su ‘compañera de viaje y vida durante 15 días’, paró en Río Cuarto y charlo con PUNTAL sobre su actuación en el Dakar más largo y difícil desde que se corre en Sudamérica.
¿Qué fue el Dakar para usted?
Ahora puede decir que es una satisfacción tremenda, fue algo muy duro, pero la satisfacción mía está en que esto lo preparé absolutamente solo durante un par de años.
Me preparé físicamente, preparé la moto, me conseguí las publicidades, las cubiertas, el equipo. Diciéndole a mi señora que iba a correr el Dakar unos siete u ocho meses antes de la largada, que lo venía programando durante un par de años. Por eso hoy es una satisfacción tremenda haber corrido esta carrera, donde fue tan dura, con tanta temperatura, pasamos frío, sufrimos la altura, hicimos muchísimos kilómetros, y la gran dureza de la carrera está en la cantidad de abandonos que hubo, no sólo en motos, sino en todas las categorías.-
Luego de la muy buena actuación de la primera etapa, donde terminó muy bien clasificado, se produjo un retraso importante en la segunda, ¿Qué fue lo que pasó camino a San Rafael?
En la primera etapa salí cómodo, por los caminos de Córdoba, a medirme para ver donde estaba y aparecí 66 en San Luis, me asusté, no era lógico. En la última etapa, que era parecida a Córdoba, terminé 51, donde hay que cuidar todo para llegar, me sentía bien físicamente y manejé rápido, por lo que deduzco que los caminos de montaña es donde más cómodo me siento. En la segunda etapa me fui un poco para atrás porque adelante mío se cayó un alemán, estaba quebrado, e hice de nexo en la comunicación con la organización, quienes me pidieron que me quedase con él hasta que llegue la asistencia médica, el helicóptero. Perdí bastante tiempo y después cuando entré en la dunas del Nihuil, me encontré con David Tieppo (Yamaha Nº 183) estaba descompuesto, también estuve haciéndole el aguante, pero luego abandonó. Me enteré ayer (por el sábado) que estas acciones, la organización las devuelve automáticamente (al tiempo perdido) y si no se piden no las devuelven, o sea que en la clasificación final tendría para descontar lo de este evento y lo que pasó en la penúltima etapa donde paré a socorrer un español y nunca me devolvieron los tiempos. Son dos o tres horas menos, que hoy no me interesan. El objetivo era llegar a Valparaíso: objetivo cumplido y punto.
Dice que se preparó durante dos años para esta carrera, se debe haber preparado en lo mental, en lo físico, pero ¿hubo algo que le llamó la atención, algo que haya dicho, para esto no estoy preparado, algo muy duro?
Yo tenía todo organizado para estar en un motorhome por afuera del vivac, pero en Tucumán me robaron una moto que la usaba para entrar y salir de la asistencia, al no tener más esa movilidad, decidimos que el motorhome volviera y a partir de ese momento comenzamos a vivir en carpa. Justo debuté en Calama, que fue el peor de todos los vivac, con mucha tierra, mucho polvo, mucho calor. Lo único que no estaba preparado era para estar solo tanto tiempo, estaba física y mentalmente bien, pero llega un momento que hace falta un apoyo de la familia, el cariño, un abrazo de alguien querido. Pasó, pero tuve una mañana levantándome dentro de la carpa a las cuatro y media de la mañana y me preguntaba, ¿qué estoy haciendo acá?, ya tenía ganas de ver a mi señora. Después al final del día todo se compuso, faltaba una etapa menos y estaba más cerca de Valparaíso.
¿En algún momento pensó que no llegaba?
Hubo una etapa en Chile que era muy larga, de 600 km. y a los 150 km. de largar, eran un sector de muchísima piedra, me empezaron a doler las manos, las tenía molidas. En ese momento es donde se aprecia la preparación mental. Me propuse objetivos cortos, llegar al reabastecimiento de combustible, un horario para comer algo, cuando lo fui pasando así, llegué al fin de la etapa. Esa etapa fuedurísima por el dolor que tenía en las manos por la cantidad de piedras que había al principio.
Con la finalización de la carrera en Valparaíso, luego de todo lo vivido, ¿cómo sigue la actividad?
No lo sé, yo tengo 41 años, quería la aventura, quería la experiencia de correr la carrera más importante del mundo. Un sueño que lo cumplí. No sé cuáles serían las expectativas para hacerlo nuevamente.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario